Los conocedores de la vida entienden muy bien que el Sábado en la mañana, Sabadito, es el momento exacto de mayor plenitud del ser humano.
Es el momento donde uno es libre, y vaya que la libertad se debe agradecer.
El Sabadito nos presenta la oportunidad de realizar actividades atélicas, aquellas actividades que no tienen un fin en sí mismo, y que nos permiten realmente disfrutar la vida si uno se atreve a estar presente.
Dolce far niente, le llaman los italianos. Joie de vivre, lo nombraron los franceses. Sin ser exactamente lo mismo, éstas frases tratan de explicar lo que en español nos regala el Sabadito.
Sabadito es Ser. Nos viene a recordar que la vida es hoy, algo que se nos olvida durante cualquier otro momento de la semana; nos recuerda que, sin importar todo lo externo en nuestra vida, podemos tomarnos un momento para sentir lo que es vivir
Sabadito es el día en que aquellos que han decidido vender su alma, traicionarse profesionalmente hablando, pueden disfrutar sin distracción de lo que un mundo abundante ofrece. Es el momento donde la creatividad toca su punto más álgido, aquel que permite entregar cosas hermosas si es que uno se atreve a construir.
Sabadito es enfocarse en el “Ser” y olvidarse por un momento del “Hacer” y el “Tener”, verbos que no paran de susurrar un Lunes cualquiera, cuando el Ego es el protagonista de nuestra mente.
Sabadito es un estado de ánimo que permite entender que se puede ser elegante cuando uno realmente disfruta la vida.
Sabadito es comprender que a la vida no hay que “llegar”, que no es aquella meta falsa que nos entrega el impostor Martes, y que más que llegar la vida se trata de seguir avanzando y disfrutando.
Sabadito es oportunidad. De sentir, de soñar, de gozar y de amar.
Sabadito es vivir.